martes, 20 de septiembre de 2016


Anorexia 

Se realiza una investigación actualizada de las peculiaridades clínicas, fisiopatológicas y recomendaciones de la anorexia como síntoma y como trastorno de la conducta alimentaria. Se considera que el rechazo a ingerir alimentos, que puede ser total o selectivo, se puede presentar en cualquier etapa de la vida, pero en el niño y en el adolescente es más frecuente y preocupante para la familia y el facultativo. Generador de gran ansiedad y preocupación familiar. Casi nunca la posición tomada por los padres es la adecuada, sin embargo es el grupo priorizado en la sociedad cubana y en casi todos los países del mundo. Serán los médicos y los demás miembros del equipo los encargados de manejarlo correctamente para garantizar el adecuado desarrollo de los niños y adolescentes. Se considera el motivo más frecuente de consulta, en las consultas de nutrición de los hospitales pediátricos. Por su incidencia es difícil de tratarla y el pronóstico no siempre es el favorable. Se necesita de un equipo multidisciplinario que incluye: clínico, psicólogo, antropometrista, dietista y en ocasiones trabajador social. En este trabajo se abarcaron las distintas etapas en la infancia donde puede aparecer, las causas, las bases fisiológicas, el cuadro clínico y las recomendaciones.
DeCS: CONDUCTA ALIMENTARIA/psicología; ANOREXIA; NIÑO; ADOLESCENCIA.
Los trastornos de la conducta alimentaria son una preocupación para los sistemas de salud a nivel mundial. De ellos se describen los más frecuentes:
  • Del lactante. 
  • Fisiológica. 
  • Psicógena. 
  • Anorexia nerviosa. 
  • Bulimia.
La anorexia o falta de apetito es un síntoma muy frecuente en consultas, cuerpos de guardia, y motivo de comentario por parte de padres y familiares de quienes la padecen. 
Los pacientes que lo padecen, transitorio o permanentemente, son habitualmente centro de atención en su medio familiar y social. 
Su incidencia va en aumento pues cada día se reportan más casos. Hay varias etapas de la vida en que se ve con mayor frecuencia: en el transicional, en el escolar, en la adolescencia y primera etapa de la juventud. 
En el hombre, los determinantes de la elección e ingesta de los alimentos son múltiples y de origen tanto fisiológico como psicológico.1 El organizador de todos los procesos es el cerebro que integra las señales y equilibra el gasto y almace-namiento de energía con la ingesta de alimentos.2 
El consumo de una variedad de alimentos es esencial para el mantenimiento de la salud y el crecimiento del niño. Se señalan factores que influyen en la cantidad que se come, así como los que influyen en las preferencias y la selección de alimentos. El análisis sobre el desarrollo de los mecanismos de control de la ingestión de alimentos deberá tener en cuenta las preferencias alimentarias, pues los niños no comen lo que no les gusta.3 
Este trabajo dedicado a describir la relación entre apetito y enfermedad se reseña en la literatura existente, para apoyar el argumento de que los clínicos necesitan prestar más atención al tratamiento de la anorexia durante la enfermedad, recupe-ración, o cuando no hay evidencia de enfermedad pero hay poco apetito.4 
Es creciente la aceptación de que la anorexia crónica puede ser un importante factor en la génesis de la falta de crecimiento tan frecuente en los niños que viven en países en vías de desarrollo.4 
Es necesario el conocimiento previo de las categorías de hambre y apetito, que se definen como, señales internas que estimulan la adquisición y consumo de alimentos, originadas en el cerebro, periferia, o por conductas habituales. El apetito es hambre moderada generalmente orientada a la elección de determinados alimentos y frecuentemente con expectativas de una recompensa. 
La evaluación de la anorexia ha sido dada por: observación y referencia de la madre o de la persona encargada del niño. 
La información recogida, cualitativa y de encuestas alimentarias proporciona los datos para afirmar que la anorexia es un problema de importancia en los lactantes y niños.4 
En la primera etapa de la vida (lactancia) se comienza la ablactación. Para el lactante hay pocas opciones: la leche. Es el único momento en la vida cuando se come porque se siente hambre. Es importante la variedad para garantizar a partir de entonces una adecuada alimentación. 
Las preferencias o rechazos alimentarios de los niños están poderosamente moldeados por el aprendizaje y la experiencia temprana. Con la excepción de la aparente innata preferencia al sabor dulce y el rechazo por los sabores ácidos y amargos, todas las respuestas afectivas por las comidas son adquiridas. En general los niños rechazan los alimentos que no les son familiares.3 
Aunque se presenta resistencia inicial a un alimento no existe razón para ser mantenido. 
Cada día existe mayor preocupación por un cuadro ya descrito como entidad, que es la anorexia nerviosa. Este se describe en adolescentes femeninas donde fallan mecanismos intrapsíquicos y sociales que incluyen: percepción-identidad, aprendizaje y autoestima. 
Además de los cambios físicos y en parte como resultado de ellos, al joven constantemente se le hacen nuevas demandas sociales de comportamiento, de interacción de nuevos derechos y deberes, los cuales muchas veces no entiende ni sabe si debe o puede satisfacer o evitar. 
Los síntomas esenciales de este trastorno consisten en el rechazo contundente a mantener el peso corporal por encima de unos valores mínimos normales para una determinada edad y talla, miedo intenso a ganar de peso o a convertirse en una persona obesa, aun cuando se está por debajo del peso considerado normal, alteración de la imagen corporal y amenorrea (en las mujeres). Pueden utilizar el vómito, laxantes y diuréticos. 
Se ha referido en otros países con una prevalencia entre 1 por cada 800 y 1 por cada 100, edades comprendidas entre los 12 y 18 años. 
Este cuadro se describió casi simultáneamente en países desarrollados; pero posteriormente en una forma creciente, en países en vías de desarrollo. 
Existe información que data de la edad media cuando algunas mujeres seguidoras de San Jerónimo se imponían el ayuno voluntario hasta llegar a ser muy delgadas y perder la menstruación. La mayoría de las mujeres que presentaban conductas similares eran religiosas o estaban relacionadas con alguna religión en particular, como ejemplo de esto tenemos a la princesa Margarita de Hungría que murió de inanición y el de una monja la cual durante 7 años no comió más que hostia de la eucaristía. Algunos estudiosos del tema consideran que estas mujeres padecían de anorexia nerviosa; sin embargo, otros no consideran que estas personas la padecieran, sino que para ellos el ayuno era una forma de purificación o cumplir penitencia. 
En 1684 Richard Morton describió en Inglaterra a una mujer de 18 años, que padecía de “multitud de ansiedades y pasiones de muerte” y los síntomas que presentaba eran: disminución del apetito, interrupción de la menstruación, aversión a los alimentos, hiperactividad y desnutrición grave. No obstante se consideran los primeros en descubrir este cuadro a W Gull en Inglaterra y CH Lasséngue en Francia en el siglo xix. 
Con este trabajo se intenta abarcar de una forma general y práctica este tema y su adecuación a nuestro medio.


Aunque el origen de estos trastornos todavía es incierto para los especialistas que lo investigan, lo que sí está probado es que la evolución y manifestación de estas enfermedades se ve influida por componentes sociales ajenos a la patología. En ese sentido se constata la influencia de los medios de comunicación tanto para la concienciación y conocimiento de la enfermedad como para trasmitir unos modelos de belleza de características insalubres que arrastran a una delgadez extrema y obligan en ocasiones a las autoridades sanitarias a alertar y demandar políticas sociales de protección contra esta nociva “epidemia”. La delgadez se ha convertido en símbolo imprescindible asociado a la independencia y al éxito profesional y social. Cuando una enferma de trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se ve gorda, se siente gorda, esta afirmación en el fondo esconde un problema de no aceptación del propio cuerpo e incluso a veces un carácter excesivamente perfeccionista que termina siendo obsesivo. Se persigue la delgadez no ya como canon de belleza, sino como afán de superación y demostración de fuerza de voluntad y de dominio del propio cuerpo que triunfa sobre las necesidades vitales básicas. Estas pacientes educan y acostumbran a su cuerpo a subsistir con un alimento mínimo, por lo que el cuerpo recurre a las reservas y reduce al mínimo el gasto de energía para adaptarse a la falta de alimento (Rojo; Cava: 2003). Con respecto a la presión mediática y social a la que se ven sometidas, una de las pacientes ingresadas en el Hospital La Fe de Valencia lo explicaba con un ejemplo muy claro. “Cuando tu quieres comprar paracetamol vas a una farmacia y lo compras ¿verdad? Yo cuando quiero comprar paracetamol voy a la farmacia y desde que entro por la puerta todos los anuncios, cremas, carteles me invitan a perder peso, reducir la celulitis, quemar grasas… de manera que hasta que llego al mostrador y el farmacéutico me atiende, pido el paracetamol y es posible que acabe comprando algún producto diurético o adelgazante… eso sin mencionar la constante presencia de la báscula”xv . Los expertos en nutrición confirman igualmente un aumento de la obesidad, de manera que el 53% de la población adulta española (25-60 años) tiene exceso de peso. Y ésta se incrementa de manera alarmante entre la población infantilxvi. En el fondo del problema se intuyen unos cambios determinantes en la dieta de los españoles. La ingesta de alimentos ricos en Gráfico nº 4: La distorsión de la propia imagen Fuente: www.abkontakt.se Yolanda Cabrera García-Ochoa: El cuerpo femenino en la publicidad A8/E REVISTA ICONO 14 – A8/ESP – pp. 223/243 | 10/2010 | REVISTA DE COMUNICACIÓN Y NUEVAS TECNOLOGÍAS | ISSN: 1697–8293 C/ Salud, 15 5º dcha. 28013 – Madrid | CIF: G - 84075977 | www.icono14.net 236 236 grasas o azúcares, así como la mayor utilización de los denominados pre-cocinados o ultra-congelados, favorecen el sobrepeso. Alimentos de origen animal o el azúcar durante épocas de escasez y restricciones, son los primeros en ser fuertemente racionados; y en épocas como esta de sobreabundancia, de ellos se nutre mayoritariamente la población con un nivel adquisitivo más bajo. Los modelos de hombres y mujeres delgados divulgados por la publicidad como necesidades nuevas del consumo, conviven con el viejo modelo de la sociedad consumidora de alimentos. Tan próximos están los extremos, que uno de los factores predispuestos en estos enfermos de TCA, es haber sido gordo en la infancia o tener una madre obesa (Rojo; Cava: 2003). Pero no es la obesidad el único rasgo que nos aleja del ideal de belleza. La alopecia, un cutis lleno de acné o arrugado, una nariz grande, unas orejas despegadas… pueden ser fuente de marginación o de desconsuelo para quien lo padece. La calvicie en el mundo laboral supone un aspecto negativo a la hora de enfrentarse a una entrevista de trabajo, pues se considera que esto afecta a la autoestima de quienes lo padecen, mayoritariamente los hombres en un 90% de los casos. En 2004 una marca de cosmética sorprendió a todos proponiendo una campaña publicitaria basada según su eslogan en la “belleza real”. Desconocidas e improvisadas modelos reclutadas en supermercados, residencias de ancianos o por las calles protagonizaron una campaña que tuvo una gran acogida por el público en general aunque fue mirada con recelo por otras marcas del sector. Esta belleza “real” no era otra cosa que mostrar los cuerpos de las mujeres en todo su esplendor sin recurrir a un exceso de retoque fotográfico y así veíamos mujeres con celulitis, con algunos kilos de más, con pecas o pelo canoso, con estrías. Todo ello mostrado con maestría y buen gusto. Mujeres reales que cantaban las alabanzas de estos productos. Desde entonces muchas marcas siguen la estela de Dove y su belleza real y en los últimos años hemos visto ligeramente ampliado el abanico de modelos publicitarios y tímidamente han ido apareciendo en los anuncios mujeres de más de treinta años, mujeres rellenitas, canosas, de cuerpos curvados. Pero siguen siendo la excepción de una industria y unos productos que aún desconfían de su naturalidad y siguen apostando por la belleza idealizada y restrictiva que el mundo de la moda ha resumido en unas medidas casi imposibles 90-60-90.
 










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